Categoría: Traumas

  • Ventana de tolerancia y trauma: por qué tu cuerpo “se pasa” o “se apaga” (y qué hacer con eso)

    Ventana de tolerancia y trauma: por qué tu cuerpo “se pasa” o “se apaga” (y qué hacer con eso)

    Hay personas que no “se desbordan” solo por estrés. Se desbordan porque su sistema nervioso aprendió, con buena lógica, que la vida puede volverse peligrosa muy rápido. Y entonces hace lo que sabe: acelera (ansiedad, irritabilidad, hipervigilancia) o apaga (desconexión, niebla mental, bloqueo, “me da igual”).

    La ventana de tolerancia es una forma clara de entender esto: el rango de activación fisiológica en el que podemos sentir, pensar y relacionarnos sin perder el control ni desconectarnos. El trauma suele estrechar esa ventana.  

    Este contenido es informativo y no sustituye la atención profesional. Si necesitas una Psicóloga en Las Palmas visita mi sección o pídeme consulta.


    Qué es la ventana de tolerancia (en términos neurobiológicos)

    Imagina tres zonas:

    • Dentro de ventana: el cuerpo está activado “lo justo”. Puedes notar emociones sin ser arrastrade por ellas. Hay acceso a lenguaje, perspectiva, planificación y vínculo.
    • Hiperactivación: el sistema simpático domina (lucha/huida). Suben alerta, urgencia, tensión, rabia, pensamiento acelerado, control, insomnio.
    • Hipoactivación: predomina el apagado/colapso (inmovilización). Baja energía, aparece entumecimiento, disociación, desconexión emocional, “me quedo en blanco”.

    La clave trauma-informada es esta: no es un fallo de carácter; es un patrón de supervivencia automatizado.


    Trauma: cuando el presente se confunde con el pasado

    El trauma no es solo “lo que pasó”, sino lo que el cuerpo tuvo que hacer para sobrevivir cuando no había salida. Eso incluye:

    • entrenar la alarma (hipervigilancia),
    • apagar sensación/emoción (disociación),
    • anticipar rechazo o peligro en lo relacional,
    • sostener control para evitar desbordes.

    Desde teoría polivagal, la neurocepción (detección automática de seguridad/peligro) puede quedarse sesgada hacia amenaza, y el sistema salta rápido a defensa.  


    Una mirada de “partes” (Janina Fisher / IFS): no eres incoherente, estás fragmentade

    En trauma complejo es frecuente sentir “dos verdades” a la vez: una parte quiere acercarse y otra huye; una parte quiere hablar y otra se apaga. Fisher lo describe como partes protectoras que toman el control cuando se supera la tolerancia, para evitar dolor, vergüenza o peligro interno.  

    Puesto en sencillo y clínicamente útil:

    • La hiperactivación suele estar sostenida por partes de control/alarma (“si me relajo, pasa algo”).
    • La hipoactivación suele estar sostenida por partes de desconexión (“si siento, me rompo”).
    • El trabajo no es “eliminar partes”, sino aumentar seguridad interna y coordinar el sistema.

    Relacional y de apego: no se regula en soledad (aunque se entrene en soledad)

    La regulación es neurobiología y vínculo. En muchas historias traumáticas, el problema no fue solo el evento, sino la falta de sostén (apego inseguro, invalidación, miedo dentro de casa).

    Esto encaja con una lectura tipo Maté: síntomas como estrategia adaptativa en un contexto, no como defecto individual. (Maté populariza esta visión; su aporte es clínicamente valioso, aunque parte de sus afirmaciones no están tan operacionalizadas como en modelos académicos).

    Traducción práctica: si tu sistema aprendió que el vínculo es impredecible, el cuerpo se activa o se apaga justo cuando más necesitarías conexión.


    Cómo saber en qué zona estás: marcadores somáticos rápidos

    Señales típicas de hiperactivación

    • mandíbula apretada, pecho “alto”, respiración corta
    • urgencia por resolver, discutir, justificar, controlar
    • irritación, sobresalto fácil, vigilancia
    • rumiación y dificultad para dormir

    Señales típicas de hipoactivación

    • pesadez, frío, mirada fija, niebla mental
    • “no siento nada”, “me da igual”, desconexión del cuerpo
    • cansancio repentino, apatía, bloqueo para hablar
    • tendencia a aislarse, quedarse en pantalla, congelarse

    Dato clínico importante: muchas personas alternan rápido (hiper↔hipo). Ese vaivén suele indicar un sistema nervioso trabajando al límite.


    Lo práctico: 7 pasos seguros para ampliar la ventana (sin forzar)

    Esto no es una receta milagro. Es entrenamiento por capas: conciencia → micro-regulación → vínculo → exposición titrada.

    1) Mapear tu ventana (2 minutos, diario)

    Anota:

    • 2 señales corporales de “dentro de ventana”
    • 2 de hiperactivación
    • 2 de hipoactivación
    • 1 situación que te estrecha la ventana (un disparador relacional, un lugar, un tono)

    2) Localizar “la primera señal”

    No esperes al colapso. La expansión real ocurre cuando detectas el 10–20% de activación (antes del 80–100%).

    Ejemplo: “me tenso en el estómago” antes de empezar a controlar.

    3) Intervención somática breve (elige UNA)

    • Orientación: gira la cabeza lentamente y nombra 5 detalles del entorno (el cuerpo registra “aquí y ahora”).
    • Contacto y peso: pies en el suelo, siente el apoyo 20–30 segundos.
    • Exhalación larga: alarga la salida de aire sin hacer “técnica perfecta”.

    (En sensorimotor, la idea es volver al cuerpo como canal de regulación, sin entrar aún en narrativa traumática).  

    4) Lenguaje de partes: “una parte de mí…”

    Cuando notes desborde/apagado:

    • “Una parte de mí está en alarma.”
    • “Otra parte se está desconectando para protegerme.”Esto reduce vergüenza y aumenta agencia.

    5) Estrategia breve (Nardone): corta la “solución intentada” que empeora

    Pregunta quirúrgica: ¿Qué hago para calmarme que en realidad mantiene el problema?

    Ejemplos frecuentes:

    • hiper: revisar, preguntar, controlar, discutir, anticipar
    • hipo: aislarse, postergar, anestesiarse (pantalla, comida, sustancias)

    El cambio suele empezar por micro-sabotear el patrón: reducir un 10% la comprobación, o añadir un 5% de contacto humano seguro.

    6) Dosis pequeñas de activación (titulación)

    Si evitas todo lo que activa, la ventana no se ensancha. Si te expones de golpe, te sales.

    Regla útil: “suficiente para entrenar, no tanto como para desorganizar”.

    7) Co-regulación planificada

    Define 1 apoyo real (persona, espacio, rutina) que no dependa de estar “bien”. El trauma se mantiene cuando la regulación se vuelve condicional.


    Errores comunes que estrechan la ventana (aunque parezcan “autocuidado”)

    • Confundir calma con desconexión: “estoy tranquilx” pero estás en hipoactivación.
    • Respirar para apagar rápido: usar técnicas como anestesia aumenta el miedo a sentir.
    • Buscar el origen antes de estabilizar: abrir trauma sin recursos suele empeorar síntomas.
    • Hacerlo en solitario siempre: la regulación necesita experiencia relacional segura, no solo voluntad.
    • Culparte por recaer: la culpa activa más defensa (y reduce ventana).

    Cuándo pedir ayuda profesional

    Considera apoyo especializado si:

    • hay disociación frecuente, lagunas, episodios de “no soy yo”
    • alternas hiper/hipo con mucha intensidad
    • hay autolesiones, abuso de sustancias o conductas de riesgo
    • el trauma se activa en relaciones y te deja sin recursos
    • sientes que “entiendes todo” pero el cuerpo no cambia

    En estos casos, suelen ser útiles enfoques faseados (estabilización primero) y modelos integradores (parts + cuerpo + vínculo). El marco de estabilización de Fisher (TIST) se centra precisamente en aumentar seguridad antes de procesar memoria traumática.  


    Cierre

    La ventana de tolerancia no se amplía con fuerza de voluntad. Se amplía cuando el sistema nervioso aprende seguridadpor repetición: en el cuerpo, en el vínculo y en decisiones pequeñas que cambian el circuito.

    Si hoy te “pasas” o te “apagas”, no es incoherencia: es protección. El trabajo terapéutico consiste en que esa protección deje de ser tu única opción.


    FAQs

    1) ¿La ventana de tolerancia se puede ampliar de verdad?

    Sí, en muchas personas se amplía con entrenamiento de regulación, co-regulación y exposición gradual. No es lineal: suele haber avances y retrocesos.

    2) ¿Hiperactivación es lo mismo que ansiedad?

    No siempre. Puede parecerse, pero en trauma suele estar ligada a neurocepción de amenaza y a memorias implícitas, no solo a preocupaciones cognitivas.

    3) ¿Hipoactivación es depresión?

    Puede confundirse, pero no es equivalente. En trauma, la hipoactivación puede ser un estado defensivo de apagado/disociación.

    4) ¿Por qué me desregulo justo con personas que quiero?

    Porque el vínculo es un disparador potente: si hubo experiencias de inseguridad relacional, el sistema puede asociar cercanía con peligro.

    5) ¿Sirve el EMDR si mi ventana es muy estrecha?

    Puede servir, pero suele requerir preparación: recursos, estabilización y trabajo de partes/cuerpo para no sobrepasar tolerancia.

    6) ¿Qué hago si no siento el cuerpo?

    Empieza por señales indirectas (temperatura, presión, postura, respiración) y por orientación al entorno. La interocepción puede reactivarse de forma gradual.

  • No es dependencia: es una necesidad de co-regulación no resuelta

    No es dependencia: es una necesidad de co-regulación no resuelta

    Imagen conceptual sobre co-regulación emocional, apego y regulación del sistema nervioso en procesos terapéuticos trauma-informados.

    Muchas personas llegan a terapia convencidas de que su problema es la dependencia emocional. Se describen como “demasiado necesitadas”, “poco autónomas” o “incapaces de sostenerse solas”. Sin embargo, desde una mirada trauma-informada, esta lectura suele ser incompleta —y a menudo injusta.

    En muchos casos, no estamos ante dependencia, sino ante una necesidad de co-regulación que no pudo resolverse en etapas tempranas del desarrollo. El sistema nervioso aprendió a sobrevivir sin apoyo suficiente, y ahora, cuando aparece un espacio más seguro, esa necesidad emerge con fuerza.

    Qué es la co-regulación (y por qué no es dependencia)

    La co-regulación es un proceso neurobiológico básico mediante el cual el sistema nervioso se estabiliza en relación con otro. En la infancia, esta regulación ocurre a través de la voz, la mirada, el contacto, el ritmo y la presencia de figuras cuidadoras.

    El problema aparece cuando este proceso es inconsistente, intrusivo o directamente ausente. En ese contexto, el organismo desarrolla estrategias de supervivencia como:

    • autosuficiencia precoz
    • inhibición de la necesidad
    • hipercontrol emocional
    • dificultad para pedir ayuda

    Estas estrategias no son patológicas: son adaptaciones. Funcionaron en su momento, pero pueden volverse rígidas en la adultez.


    Autonomía forzada: cuando “poder sola” fue la única opción

    Una de las confusiones más habituales es equiparar autonomía con salud emocional. Desde la clínica, esta equivalencia no siempre se sostiene.

    Muchas personas adultas presentan lo que podríamos llamar autonomía defensiva: pueden con todo, sostienen responsabilidades, funcionan social y laboralmente… pero viven en un estado interno de tensión constante, agotamiento y culpa por necesitar.

    Desde una lógica de terapia breve, suele aparecer una paradoja clara:

    “Si necesito a alguien, fallo.

    Pero si no necesito a nadie, me rompo.”

    No se trata de falta de voluntad ni de inmadurez emocional, sino de un sistema nervioso intentando regularse sin los recursos relacionales necesarios.


    El peso cultural de la autosuficiencia emocional

    Aquí entra una dimensión social que no puede ignorarse. Vivimos en una cultura que idealiza la autosuficiencia y penaliza la necesidad. Pedir apoyo se asocia a debilidad, dependencia o falta de trabajo personal.

    Este mandato cultural añade una capa de vergüenza a personas que ya arrastran historias de apego inseguro o trauma relacional. La necesidad no solo duele: también se juzga.

    El resultado es una lucha interna constante entre necesitar y reprimirse.


    Cuando la necesidad aparece no es retroceso

    Desde una perspectiva trauma-informada, cuando una persona empieza a sentirse más necesitada en terapia o en una relación segura, no estamos ante una regresión.

    Estamos ante un signo de seguridad.

    El sistema nervioso solo permite sentir necesidades cuando percibe que hay suficiente sostén. Lo que antes estaba anestesiado o inhibido, ahora puede emerger.

    Esto suele vivirse con confusión:

    “Antes podía sola… ahora parece que necesito más.”

    No es que la necesidad haya aumentado.

    Es que ya no necesita esconderse.


    Diferencia entre dependencia emocional y co-regulación pendiente

    Esta distinción es clave en clínica:

    • Dependencia emocional: anulación del criterio propio, fusión, dificultad para diferenciarse.
    • Co-regulación pendiente: necesidad legítima de apoyo que no pudo consolidarse y reaparece cuando hay seguridad.

    Confundir ambas conduce a intervenciones que refuerzan la autoexigencia y el control, en lugar de facilitar regulación y reparación.


    Cómo se trabaja la co-regulación en terapia

    Desde un enfoque integrador, somático y trauma-informado, el objetivo no es eliminar la necesidad, sino transformar la relación con ella.

    En consulta, esto implica:

    • priorizar la regulación del sistema nervioso
    • reconocer las estrategias como protecciones, no defectos
    • disminuir la autoexigencia como forma de control
    • diferenciar necesitar de perderse en el otro

    La co-regulación no crea dependencia.

    Crea capacidad.

    Solo un sistema que ha sido sostenido de forma estable puede:

    • tolerar la separación
    • pedir apoyo sin culpa
    • desarrollar una autonomía real y flexible

    No todo lo que parece dependencia lo es.

    A veces es el cuerpo diciendo, por primera vez con seguridad:

    “ahora sí puedo apoyarme”.

    La autonomía real no nace de exigirse más, sino de salir del modo supervivencia.

    Y eso, casi siempre, se construye en relación.


    El Baúl de Psicología

    Psicología humanista · trauma-informada · con criterio clínico

    Acompañar no es sobreproteger. Es reparar lo que quedó interrumpido.

    Si necesitas a un psicólogo especialista en Las Palmas no dudes en contactarme

  • El trauma no vive solo en la mente: cuando el cuerpo recuerda lo que no pudo ser sostenido

    El trauma no vive solo en la mente: cuando el cuerpo recuerda lo que no pudo ser sostenido

    Hay personas que llegan a consulta diciendo algo que, clínicamente, es muy preciso:

    “Sé que ya pasó… pero mi cuerpo no lo sabe.”

    No es una metáfora.

    Es una descripción exacta de cómo funciona el trauma.

    Desde hace años, la investigación en neurociencia y la experiencia clínica coinciden en algo esencial: el trauma no es solo un recuerdo psicológico, es una experiencia corporal no integrada. El cuerpo aprende a sobrevivir cuando no hubo condiciones suficientes para sentir seguridad, sostén o protección. Si necesitas servicios especializados de psicología consulta nuestra sección.


    El trauma no es lo que ocurrió, sino lo que quedó dentro

    Una de las confusiones más frecuentes es pensar que el trauma se define por la gravedad objetiva del hecho. Sin embargo, tanto la clínica contemporánea como autores de referencia coinciden en que el trauma no se mide por el evento, sino por la respuesta del sistema nervioso.

    El trauma aparece cuando:

    • una experiencia desborda la capacidad de regulación
    • no hubo acompañamiento emocional suficiente
    • el cuerpo tuvo que adaptarse solo

    En palabras cercanas a la mirada de Gabor Maté:

    el trauma no es el daño, sino la desconexión que se produce para poder seguir viviendo.


    El cuerpo como guardián de la experiencia

    Cuando una situación resulta abrumadora, el cerebro prioriza la supervivencia frente a la elaboración consciente. En esos momentos:

    • la amígdala se activa intensamente
    • el hipocampo no logra organizar la experiencia como pasado
    • la corteza prefrontal reduce su capacidad de reflexión

    El resultado es que la experiencia no se integra como recuerdo narrativo, sino que queda almacenada como:

    • sensaciones corporales
    • respuestas automáticas
    • patrones emocionales repetidos

    Por eso, años después, una persona puede:

    • reaccionar con ansiedad sin entender por qué
    • bloquearse ante ciertos vínculos
    • sentir peligro donde no lo hay
    • desconectarse emocionalmente sin querer hacerlo

    No es irracionalidad.

    Es memoria corporal.


    Cuando hablar no alcanza

    Durante mucho tiempo se pensó que comprender intelectualmente el trauma era suficiente para superarlo. Sin embargo, en la práctica clínica vemos a menudo que entender no equivale a regular.

    Muchas personas saben perfectamente:

    • qué les pasó
    • por qué son como son
    • de dónde vienen sus patrones

    Y aun así, su cuerpo sigue reaccionando como si el peligro continuara.

    Esto no significa que hablar no sea importante.

    Significa que el lenguaje no siempre accede al nivel donde se aloja el trauma.

    Antes de explorar recuerdos, el sistema nervioso necesita sentir algo muy básico: seguridad.


    Regulación antes que exploración

    Uno de los principios más sólidos en terapia del trauma es este:

    No se puede integrar aquello que el cuerpo aún vive como una amenaza.

    Por eso, el trabajo terapéutico informado en trauma comienza muchas veces por:

    • ayudar a la persona a reconocer sus estados corporales
    • ampliar la ventana de tolerancia
    • recuperar sensación de control interno
    • construir una relación terapéutica segura y estable

    Cuando el cuerpo deja de estar en alerta constante, la mente puede empezar a organizar, simbolizar e integrar.


    El síntoma no es el enemigo

    Desde una mirada humanista y compasiva, el síntoma no se interpreta como algo que haya que eliminar rápidamente, sino como una adaptación que tuvo sentido en su contexto.

    La ansiedad, la hiperexigencia, la desconexión emocional o el control no aparecen por casualidad. Son respuestas inteligentes de un organismo que aprendió a protegerse como pudo.

    Gabor Maté lo expresa con gran claridad:

    La pregunta no es “qué te pasa”, sino “qué te pasó”.

    Cuando la persona deja de luchar contra sus síntomas y empieza a comprenderlos, se abre un espacio nuevo: el de la integración.


    La sanación ocurre en relación

    El sistema nervioso no se regula en soledad. Se regula en presencia de otro sistema nervioso que ofrece:

    • coherencia
    • calma
    • disponibilidad emocional
    • respeto por los ritmos internos

    Por eso, en trauma, la relación terapéutica no es un añadido: es parte del tratamiento.

    La seguridad no se explica.

    Se experimenta.


    Sanar no es borrar, es volver a habitar el presente

    La sanación del trauma no consiste en olvidar ni en “pasar página” rápidamente. Consiste en algo mucho más profundo y realista: ayudar al cuerpo a comprender que el peligro terminó.

    Cuando eso ocurre:

    • el pasado deja de invadir el presente
    • el cuerpo recupera flexibilidad
    • la persona puede elegir, en lugar de reaccionar

    Y poco a poco, vuelve algo esencial: la sensación de estar viva en su propia vida.


    Si algo de esto resuena contigo

    Si al leer este texto has sentido reconocimiento, no es casualidad. Muchas personas viven con las consecuencias del trauma sin ponerle nombre, cargando con culpa o sensación de fallo personal.

    El trauma no es una debilidad.

    Es una historia de adaptación.

    Trabajarlo desde una psicología humanista, informada en trauma y respetuosa con el cuerpo permite procesos de sanación reales, sin forzar, sin revivir innecesariamente el dolor y sin perder de vista la dignidad de la persona.


    Sobre mi enfoque profesional

    Trabajo desde una psicología humanista e integradora, con especial atención al trauma, la regulación del sistema nervioso y la relación terapéutica. Mi mirada une neurociencia, cuerpo y vínculo, entendiendo el síntoma como una respuesta adaptativa y la terapia como un espacio de seguridad donde volver a encontrarse.


  • TDAH, trauma y apego: una mirada clínica y humanista

    TDAH, trauma y apego: una mirada clínica y humanista

    Comprender el TDAH desde el trauma, el apego y la neurobiología. Un enfoque clínico y trauma-informado.

    Iris Pasamón

    Psicóloga humanista especializada en trauma y apego | EMDR

    El Baúl de Psicología


    Introducción

    El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) ha sido tradicionalmente explicado desde un modelo biomédico centrado en el déficit neurobiológico y la genética. Aunque este enfoque ha permitido avances relevantes, resulta insuficiente para comprender la complejidad emocional, relacional y clínica que presentan muchas personas diagnosticadas con TDAH, tanto en la infancia como en la adultez.

    Desde la práctica clínica trauma-informada, el TDAH aparece con frecuencia vinculado a dificultades en la regulación emocional, en la organización interna y en la sensación de seguridad, aspectos que se desarrollan en el contexto del vínculo temprano. Esta observación clínica conecta el TDAH con otros procesos ampliamente descritos en psicología del trauma, como el apego inseguro, la disociación y el trauma complejo.


    El TDAH como alteración del desarrollo de la autorregulación

    Las funciones comúnmente afectadas en el TDAH —atención sostenida, inhibición conductual, regulación emocional y planificación— dependen de la maduración de la corteza prefrontal y de su integración con los sistemas subcorticales implicados en la emoción y la respuesta al estrés.

    Esta maduración no ocurre de forma aislada, sino en interacción constante con el entorno relacional. La autorregulación se construye inicialmente a través de la co-regulación con las figuras de apego. Cuando este proceso se ve interferido de forma sostenida, el sistema nervioso no se detiene, sino que se adapta organizándose alrededor de la alerta.

    Este mismo patrón adaptativo puede observarse también en personas con historias de apego inseguro, un tema que desarrollo con mayor profundidad en el artículo Apego y regulación emocional.


    Estrés temprano y trauma relacional

    En trauma del desarrollo, el impacto no proviene únicamente de experiencias extremas. El estrés relacional crónico, a menudo invisible o normalizado, puede alterar de forma significativa la organización del sistema nervioso.

    Factores como cuidadores emocionalmente desbordados, separaciones tempranas, duelos no acompañados o contextos familiares altamente exigentes generan una activación sostenida del sistema nervioso infantil. Esta activación prolongada es un elemento central tanto en el TDAH como en lo que clínicamente se describe como trauma complejo, tema que amplío en el artículo Trauma complejo y desarrollo emocional.


    Hiperactividad e inatención desde la neurobiología del trauma

    Hiperactividad

    Desde un enfoque trauma-informado, la hiperactividad puede entenderse como expresión de un estado de activación simpática persistente. El movimiento constante y la impulsividad funcionan como intentos automáticos de regulación frente a una sensación interna de amenaza.

    Este patrón es similar al observado en ciertos estados de hiperactivación traumática, donde el cuerpo permanece en alerta incluso en ausencia de peligro real.

    Inatención

    La inatención, por su parte, no implica necesariamente un déficit cognitivo. Muchas personas con TDAH muestran una capacidad intensa de concentración en contextos emocionalmente seguros o altamente motivantes.

    Cuando el sistema nervioso permanece en modo vigilancia, la atención se fragmenta. En algunos casos, esta fragmentación puede coexistir con fenómenos disociativos leves, un mecanismo adaptativo que explico en el artículo Disociación: cuando el cuerpo aprende a desconectarse.


    TDAH, apego y alta sensibilidad

    Clínicamente, es frecuente encontrar en personas con TDAH una elevada sensibilidad emocional, una fuerte empatía y una gran capacidad perceptiva. Estas características, lejos de ser incompatibles con el diagnóstico, suelen estar relacionadas con sistemas nerviosos altamente reactivos.

    En algunos casos, esta sensibilidad ha sido conceptualizada como alta sensibilidad, un rasgo que puede confundirse o solaparse con el TDAH cuando no se tiene en cuenta la historia relacional y el contexto traumático. Este solapamiento lo abordo con mayor detalle en el artículo Alta sensibilidad y trauma: similitudes, diferencias y confusiones frecuentes.


    Implicaciones clínicas desde los modelos trauma-informados y EMDR

    Desde el modelo de Procesamiento Adaptativo de la Información (AIP), el TDAH puede comprenderse como una dificultad en la integración de experiencias tempranas asociadas a estrés, inseguridad o desbordamiento emocional, que quedaron almacenadas en redes de memoria no adaptativas.

    Un abordaje coherente con esta mirada implica priorizar la regulación del sistema nervioso, el trabajo con el cuerpo y la historia relacional, antes que el control conductual o el rendimiento. La intervención se orienta a restaurar la sensación de seguridad y a favorecer una integración más adaptativa de la experiencia.


    Si te has sentido reflejada o reflejado

    Si al leer este artículo has reconocido aspectos de tu historia, de tu forma de sentir o de tus dificultades actuales, es importante subrayar algo fundamental: no estás fallando. Muchas de estas respuestas tienen sentido cuando se comprenden desde la historia relacional y el funcionamiento del sistema nervioso.

    En consulta acompaño procesos relacionados con:

    • TDAH desde una mirada trauma-informada
    • Dificultades de regulación emocional
    • Historia de apego y vínculos tempranos
    • Trauma complejo y estrés relacional crónico

    Cada proceso terapéutico es único y requiere una evaluación individualizada y cuidadosa. Si sientes que este enfoque encaja contigo, puedes ponerte en contacto conmigo para valorar si puedo acompañarte en tu proceso terapéutico.

    👉 Solicitar información o pedir cita


    Conclusión

    Comprender el TDAH desde el trauma y el apego permite abandonar lecturas simplistas y profundamente culpabilizadoras. No se trata de cerebros defectuosos, sino de sistemas nerviosos que aprendieron a adaptarse en contextos emocionalmente exigentes.

    Esta mirada constituye una base ética y clínica sólida para una psicología humanista, respetuosa y verdaderamente trauma-informada.


    Nota profesional

    Este artículo tiene fines divulgativos y no sustituye una evaluación clínica individualizada. Si necesitas ayuda profesional de un psicólogo en Las Palmas consulta nuestros servicios.

  • Cuando Aprendes a Sostener Demasiado Pronto: Una Mirada Profunda y Humanista al Trauma Relacional

    Cuando Aprendes a Sostener Demasiado Pronto: Una Mirada Profunda y Humanista al Trauma Relacional

    Por Iris Pasamón – Psicóloga Humanista especializada en trauma, apego y regulación emocional

    Hay experiencias que no dejan cicatrices visibles, pero marcan profundamente cómo una persona se vincula, se cuida y se entiende a sí misma. Las llamamos traumas relacionales: no provienen de un único suceso, sino de la falta sostenida de mirada, presencia, seguridad emocional y acompañamiento.

    Muchas personas que vivieron este tipo de infancia tuvieron que aprender a sostener demasiado pronto: hacerse mayores antes de tiempo, anticipar tensiones, adaptarse al entorno y reprimir lo que necesitaban. Este artículo explora cómo se forma ese patrón, cómo afecta a tus relaciones y a tu cuerpo, y cómo puede empezar la verdadera reparación emocional.

    1. Cuando la infancia obliga a adaptarse más de lo que el cuerpo puede sostener

    La psicología del apego ha demostrado que la infancia es fundamental para construir seguridad interna. Cuando falta un vínculo estable, sensible y disponible, el niño adapta su conducta para sobrevivir emocionalmente.

    Adaptaciones comunes:

    – Hiperatención al estado emocional de los demás

    – Supresión de las propias necesidades

    – Miedo a molestar o desbordar

    – Búsqueda constante de aprobación

    – Construcción de una imagen fuerte, complaciente o excesivamente madura

    No son rasgos de personalidad: son respuestas adaptativas que protegieron en la infancia y que, en la adultez, se convierten en patrones dolorosos.

    Base científica:

    – Bowlby y Ainsworth: importancia de la sensibilidad y la responsividad en el apego seguro.

    – Crittenden: patrones desorganizados derivados de entornos incoherentes.

    – Dan Siegel: el cerebro del niño se desarrolla dentro de las relaciones.

    – Gabor Maté: el trauma como desconexión interna.

    2. El cuerpo aprende antes que las palabras: neurociencia del trauma relacional

    El trauma relacional se almacena en el cuerpo. La teoría polivagal explica que, sin suficiente co-regulación, el sistema nervioso aprende a vivir en alerta. De adulta, puedes experimentar:

    – Hipervigilancia emocional

    – Ansiedad anticipatoria

    – Tensión corporal constante

    – Dificultad para relajarte

    – Miedo profundo a la pérdida

    – Vergüenza al necesitar apoyo

    – Confusión entre calma y vacío

    No son debilidades: son adaptaciones fisiológicas que surgieron para mantenerte a salvo en un entorno imprevisible.

    3. El amor aprendido desde la necesidad: por qué eliges lo que eliges

    El cuerpo busca lo familiar, no lo sano. Si creciste con afecto intermitente, distancia emocional o inconsistencias, de adulta puedes sentir más atracción por vínculos complicados o personas indisponibles.

    Esto no es falta de criterio: es memoria corporal.

    El sistema nervioso confunde intensidad con conexión, y lo predecible con aburrimiento, porque nunca tuvo la oportunidad de aprender lo que es un vínculo verdaderamente seguro.

    4. Intensidad ≠ Conexión: la confusión más frecuente en el trauma relacional

    La intensidad emocional activa el sistema de alerta (dopamina, cortisol y adrenalina). Genera sensación de “química”, pero es activación traumática.

    La conexión real —estable, recíproca, coherente— no activa el sistema de amenaza. Aporta calma, seguridad y claridad. Si nunca viviste esto, la seguridad puede sentirse incómoda o confusa al principio.

    5. ¿Cómo empieza la reparación? Un camino profundo y real

    Sanar no es olvidar, ni forzar pensamientos positivos. Sanar es enseñar a tu cuerpo que ya no está en peligro, y permitirte vivir desde otro lugar.

    Pasos fundamentales:

    1. Nombrar tu historia con honestidad (sin minimizar ni justificar).

    2. Reconectar con el cuerpo a través de respiración, grounding y presencia.

    3. Revisar y comprender tus patrones vinculares sin culpa.

    4. Aceptar que la seguridad al principio se siente rara.

    5. Darte lo que nunca recibiste: descanso, límites, ternura adulta y relaciones reguladoras.

    6. Volver a ti: el inicio de todo

    La reparación se nota cuando:

    – ya no te aferras

    – eliges vínculos que no te desregulan

    – dices “no” sin culpa

    – tu paz pesa más que tu miedo

    – ya no confundes tensión con amor

    – habitas tu cuerpo con más presencia y menos alerta

    No es un destino final, sino un proceso vivo. Un regreso lento y profundo hacia ti.

    Conclusión

    Si te reconoces en este texto, no estás rota. Estás respondiendo como responde cualquier persona que sobrevivió sin el sostén emocional que necesitaba.

    La buena noticia es que lo aprendido puede transformarse. Tu cuerpo puede aprender calma. Tu mente puede aprender claridad. Tu corazón puede aprender un amor que no duela.

    Este es un camino honesto, profundo y reparador.

    Y empieza por volver a ti.

    Si necesitas agendar una terapia para adultos visita nuestra sección especializada.

  • Cómo el trauma se manifiesta en el cuerpo y qué hacer al respecto

    Cómo el trauma se manifiesta en el cuerpo y qué hacer al respecto


    Trauma en el cuerpo Durante años se pensó que el trauma era solo psicológico. Hoy, la evidencia clínica y neurocientífica confirma que el trauma también vive en el cuerpo. A veces, incluso sin que la persona lo sepa conscientemente, el cuerpo grita lo que la mente ha silenciado.

    Un joven esta sentado en una cama sosteniendo su cabeza con su mano frente a una ventana. Tiene un trauma y está valorando como llevar la terapia

    Dolores crónicos, tensión muscular, fatiga persistente, problemas digestivos… todos pueden ser manifestaciones físicas de un trauma no procesado.

    En este artículo exploramos cómo se manifiesta el trauma en el cuerpo, por qué ocurre y qué estrategias con respaldo científico pueden ayudar a sanar desde una perspectiva empática y realista.


    ¿Qué es el trauma y cómo se almacena en el cuerpo?

    El trauma no es solo el evento que ocurrió, sino lo que esa experiencia generó en nuestro sistema nervioso. Como explica el Dr. Gabor Maté, el trauma es una ruptura en la conexión contigo mismo, producto de una vivencia abrumadora que superó tu capacidad de afrontamiento.

    Según el psiquiatra Bessel van der Kolk, autor de El cuerpo lleva la cuenta, cuando una experiencia no puede ser integrada, el cuerpo queda atrapado en una respuesta de lucha, huida o congelación.

    Esto se traduce en un sistema nervioso que permanece hiperactivado mucho después de que el peligro pasó, generando síntomas físicos persistentes.

    Enlace relacionado:

     Disociación emocional: Cómo el trauma nos desconecta de nuestras emociones


    Síntomas físicos del trauma en el cuerpo

    El trauma no desaparece por ignorarlo. El cuerpo encuentra formas de expresarlo:

    1. Dolores musculares y tensión crónica

    Tensión en cuello, mandíbula, espalda o pecho son signos de un sistema nervioso que no ha salido del modo alerta.

    2. Problemas digestivos

    El eje intestino-cerebro se ve directamente afectado por el trauma, generando síntomas como inflamación, colon irritable o problemas de absorción.

    3. Fatiga emocional y física

    El sistema permanece en “modo supervivencia”, lo cual agota las reservas energéticas del cuerpo.

    4. Dificultades respiratorias y taquicardia

    Sensación de falta de aire, opresión en el pecho o palpitaciones sin causa médica clara pueden ser respuestas fisiológicas al trauma.

    Ansiedad encubierta: La hiperproductividad como mecanismo de evitación emocional


    ¿Qué le pasa al sistema nervioso cuando hay trauma?

    Cuando una experiencia traumática no es procesada, el cuerpo entra en modo supervivencia prolongado:

    • Aumento de cortisol: El estrés sostenido altera el equilibrio hormonal.

    • Desregulación del sistema nervioso autónomo: Se pierde la capacidad de alternar entre activación y descanso.

    • Cambios cerebrales: La amígdala (miedo) se sobreactiva y el hipocampo (memoria/emociones) se debilita.

    • Inflamación crónica: Afecta funciones inmunes, digestivas y cardiovasculares.


    “Todo está bien, pero yo no me siento bien”

    Muchas personas con trauma no se identifican con la palabra “trauma”, pero sienten esto:

     “No me pasa nada… pero no me siento bien.”

    Esto es típico cuando el cuerpo aún está reteniendo la experiencia emocional, aunque la amenaza ya no esté presente.

    Si te sientes identificado/a, puede ser una señal de que tu cuerpo está cargando con un trauma emocional no procesado.


    ¿Cómo sanar el trauma almacenado en el cuerpo?

    Sanar el trauma no es solo entenderlo mentalmente. Es reconectar con el cuerpo desde un lugar seguro.

    Estrategias terapéuticas con respaldo científico:

    Terapia somática y corporal: Integra cuerpo y mente para liberar tensión acumulada.

    Trabajo con memoria sensorial: Técnicas que abordan el trauma desde las sensaciones, no solo desde el relato.

    Enfoques clínicos como EMDR, IFS o terapia centrada en el trauma: Basados en evidencia y altamente efectivos.

    Movimiento consciente: Yoga, danza, caminar con atención plena para restablecer conexión corporal.

    Técnicas de regulación nerviosa: Respiración profunda, estimulación del nervio vago, visualización segura.

     Cómo la respiración consciente ayuda a regular el sistema nervioso

    ¿Cómo saber si mi malestar físico está relacionado con trauma?

    Si las causas médicas han sido descartadas y los síntomas se intensifican en momentos de estrés, podría haber un componente traumático.

    ¿Puedo sanar sin terapia?

    Prácticas como meditación, yoga o respiración pueden ayudar, pero ante traumas profundos, el acompañamiento terapéutico es muy recomendable.

    ¿El trauma se cura con el tiempo?

    No necesariamente. El tiempo solo ayuda si hay procesos conscientes de integración emocional.

    ¿Se puede sanar completamente?

    Sí. Con el enfoque adecuado y a tu propio ritmo, es posible recuperar la calma y habitar el cuerpo con confianza.


    Reflexión final: El cuerpo no olvida, pero puede sanar

    El cuerpo es un archivo vivo. Lo que no pudo ser expresado emocionalmente, se manifiesta físicamente.

    Sanar no significa borrar el pasado, sino recuperar la capacidad de estar presentes, de habitar el cuerpo desde la seguridad, y de reconectar con uno mismo sin miedo.

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    Si sientes que necesitas ayuda profesional te invito a que veas nuestras terapias de psicología en El Baúl de Psicología.


    Preguntas frecuentes sobre los traumas en las personas

    1. ¿Qué síntomas físicos pueden estar relacionados con un trauma emocional?
    El trauma puede manifestarse en dolores crónicos, tensión muscular, problemas digestivos, fatiga persistente, palpitaciones o sensación de opresión en el pecho, especialmente si no hay una causa médica clara.

    2. ¿Cómo sé si lo que siento es trauma y no solo estrés o ansiedad?
    Aunque comparten síntomas, el trauma suele implicar una respuesta persistente del cuerpo incluso cuando la amenaza ya ha pasado. Si te cuesta relajarte o sientes un “malestar sin motivo”, podría haber un trauma no procesado.

    3. ¿El trauma se puede almacenar en el cuerpo sin recordarlo conscientemente?
    Sí. Muchas personas no recuerdan el evento traumático, pero su cuerpo reacciona con tensión, bloqueos o síntomas físicos. El cuerpo “recuerda” lo que la mente ha bloqueado.

    4. ¿Puedo trabajar el trauma sin tener que revivirlo todo?
    Sí. Existen enfoques terapéuticos centrados en el cuerpo y en la seguridad (como EMDR o IFS) que permiten trabajar el trauma sin necesidad de revivir el evento traumático con detalle.

    5. ¿Qué prácticas ayudan a liberar el trauma del cuerpo?
    Técnicas como respiración consciente, yoga suave, terapia somática, EMDR o mindfulness corporal ayudan a regular el sistema nervioso y liberar tensión almacenada.