Quiero compartirte mi última aportación al mundo de la Psicología
Este post es una versión breve y divulgativa del estudio “Salud mental y menopausia”, de Inmaculada Jauregui Balenciaga e Iris Pasamón Gonzalo. El trabajo completo está publicado en epsys (revista de psicología y humanidades) y también está disponible en formato PDF en Academia.edu y ResearchGate.
Salud mental y menopausia: una lectura crítica

La conversación pública sobre salud mental en la menopausia suele estar atravesada por mitos, reduccionismos y sesgos de género. Este ensayo propone una mirada reflexiva —desde el análisis del discurso y la epistemología— para revisar cómo se han construido social y clínicamente ambos conceptos y qué consecuencias tiene esa construcción para la vida de las mujeres.
El punto de partida es incómodo pero necesario: ni “salud mental” ni “menopausia” son nociones neutras. Sus significados se han configurado históricamente en marcos médicos, culturales, económicos y políticos, y muchas veces se presentan como “ciencia” lo que en realidad opera como ideología: etiquetas diagnósticas, narrativas de déficit, prescripciones estandarizadas y una tendencia persistente a convertir procesos vitales en patología.
Dos formas de entender la salud mental (y dos éticas clínicas)
El texto contrasta dos modelos epistemológicos que cambian radicalmente la práctica clínica:
- Modelo objetivista: prioriza el diagnóstico, interpreta el síntoma como defecto a eliminar y tiende a equiparar el malestar psíquico a una enfermedad “natural” tratable principalmente con fármacos. En esta lógica, el paciente pierde voz y contexto; la salud mental puede convertirse en una forma de control social.
- Modelo subjetivista/constructivista: entiende el síntoma como lenguaje y estrategia (con coste, pero también con función). En vez de “¿qué tiene?”, pregunta “¿qué le pasó?”, “¿qué sostiene ese síntoma?”, “¿qué sentido tiene en su contexto?”. La clínica deja de ser corrección y pasa a ser producción de sentido.
Menopausia: del hecho biológico a la construcción estigmatizante
Aunque la menopausia incluye un hecho universal (el cese de la menstruación, confirmado tras 12 meses), su representación dominante en Occidente se ha articulado como pérdida: de valor estético, sexual, social o simbólico. El ensayo sostiene que este enfoque no describe la realidad de la mayoría de mujeres, sino que refleja mandatos sexistas y edadistas. Así, la menopausia aparece como un campo de disputa: ¿déficit a corregir o transición a habitar?
El cerebro en el centro: síntomas con lectura neuroendocrina
Una aportación clave es poner el foco en la dimensión cerebral de la transición menopáusica. Se subraya la conexión ovarios–cerebro a través del sistema neuroendocrino y la necesidad de abandonar la “medicina del bikini”, que fragmenta el cuerpo femenino y deja fuera procesos neurológicos relevantes. Sofocos, alteraciones del sueño, niebla mental, cambios de ánimo, ansiedad o fatiga pueden comprenderse como parte de una reorganización cerebral y no únicamente como un “problema ginecológico”.
Medicalización, desinformación y violencia epistémica
El texto critica la tendencia a medicalizar la menopausia (y a psiquiatrizar emociones y transiciones) sin suficiente diagnóstico diferencial, reduciendo la complejidad a una explicación hormonal o a un trastorno individual. Esto se agrava con:
- Desinformación sobre tratamientos y riesgos/beneficios.
- Dificultades reales para un consentimiento informado de calidad cuando hay mensajes contradictorios, sesgos históricos y conflictos de interés.
- Una forma de violencia epistémica: se invalida el saber encarnado de las mujeres y se impone una narrativa dominante que decide qué se considera “normal”, “patológico” o “tratado”.
Idea central y conclusión
El ensayo concluye que la menopausia no correlaciona de forma universal con problemas de salud mental. Lo que sí influye con fuerza en el bienestar psicológico durante esta etapa son los factores psicosociales, culturales y económicos (roles de cuidado, doble jornada, desigualdad, violencia, condiciones de vida), con frecuencia invisibilizados por discursos biomédicos reduccionistas.
La propuesta final es clara: desmedicalizar y desestigmatizar la menopausia, reencuadrándola como cambio vital normalizado, atendiendo a los signos concretos sin convertirlos automáticamente en patología, y recuperando una clínica integral, contextual y ética que devuelva agencia y voz a las mujeres.
Si este resumen te ha resonado, te invito a leer la versión íntegra en las revistas donde se ha publicado: ahí encontrarás el marco epistemológico completo, el análisis crítico y todas las referencias.
