Hay personas que llegan a consulta diciendo algo que, clínicamente, es muy preciso:
“Sé que ya pasó… pero mi cuerpo no lo sabe.”
No es una metáfora.
Es una descripción exacta de cómo funciona el trauma.
Desde hace años, la investigación en neurociencia y la experiencia clínica coinciden en algo esencial: el trauma no es solo un recuerdo psicológico, es una experiencia corporal no integrada. El cuerpo aprende a sobrevivir cuando no hubo condiciones suficientes para sentir seguridad, sostén o protección. Si necesitas servicios especializados de psicología consulta nuestra sección.
El trauma no es lo que ocurrió, sino lo que quedó dentro
Una de las confusiones más frecuentes es pensar que el trauma se define por la gravedad objetiva del hecho. Sin embargo, tanto la clínica contemporánea como autores de referencia coinciden en que el trauma no se mide por el evento, sino por la respuesta del sistema nervioso.
El trauma aparece cuando:
- una experiencia desborda la capacidad de regulación
- no hubo acompañamiento emocional suficiente
- el cuerpo tuvo que adaptarse solo
En palabras cercanas a la mirada de Gabor Maté:
el trauma no es el daño, sino la desconexión que se produce para poder seguir viviendo.

El cuerpo como guardián de la experiencia
Cuando una situación resulta abrumadora, el cerebro prioriza la supervivencia frente a la elaboración consciente. En esos momentos:
- la amígdala se activa intensamente
- el hipocampo no logra organizar la experiencia como pasado
- la corteza prefrontal reduce su capacidad de reflexión
El resultado es que la experiencia no se integra como recuerdo narrativo, sino que queda almacenada como:
- sensaciones corporales
- respuestas automáticas
- patrones emocionales repetidos
Por eso, años después, una persona puede:
- reaccionar con ansiedad sin entender por qué
- bloquearse ante ciertos vínculos
- sentir peligro donde no lo hay
- desconectarse emocionalmente sin querer hacerlo
No es irracionalidad.
Es memoria corporal.
Cuando hablar no alcanza
Durante mucho tiempo se pensó que comprender intelectualmente el trauma era suficiente para superarlo. Sin embargo, en la práctica clínica vemos a menudo que entender no equivale a regular.
Muchas personas saben perfectamente:
- qué les pasó
- por qué son como son
- de dónde vienen sus patrones
Y aun así, su cuerpo sigue reaccionando como si el peligro continuara.
Esto no significa que hablar no sea importante.
Significa que el lenguaje no siempre accede al nivel donde se aloja el trauma.
Antes de explorar recuerdos, el sistema nervioso necesita sentir algo muy básico: seguridad.
Regulación antes que exploración
Uno de los principios más sólidos en terapia del trauma es este:
No se puede integrar aquello que el cuerpo aún vive como una amenaza.
Por eso, el trabajo terapéutico informado en trauma comienza muchas veces por:
- ayudar a la persona a reconocer sus estados corporales
- ampliar la ventana de tolerancia
- recuperar sensación de control interno
- construir una relación terapéutica segura y estable
Cuando el cuerpo deja de estar en alerta constante, la mente puede empezar a organizar, simbolizar e integrar.
El síntoma no es el enemigo
Desde una mirada humanista y compasiva, el síntoma no se interpreta como algo que haya que eliminar rápidamente, sino como una adaptación que tuvo sentido en su contexto.
La ansiedad, la hiperexigencia, la desconexión emocional o el control no aparecen por casualidad. Son respuestas inteligentes de un organismo que aprendió a protegerse como pudo.
Gabor Maté lo expresa con gran claridad:
La pregunta no es “qué te pasa”, sino “qué te pasó”.
Cuando la persona deja de luchar contra sus síntomas y empieza a comprenderlos, se abre un espacio nuevo: el de la integración.
La sanación ocurre en relación
El sistema nervioso no se regula en soledad. Se regula en presencia de otro sistema nervioso que ofrece:
- coherencia
- calma
- disponibilidad emocional
- respeto por los ritmos internos
Por eso, en trauma, la relación terapéutica no es un añadido: es parte del tratamiento.
La seguridad no se explica.
Se experimenta.
Sanar no es borrar, es volver a habitar el presente
La sanación del trauma no consiste en olvidar ni en “pasar página” rápidamente. Consiste en algo mucho más profundo y realista: ayudar al cuerpo a comprender que el peligro terminó.
Cuando eso ocurre:
- el pasado deja de invadir el presente
- el cuerpo recupera flexibilidad
- la persona puede elegir, en lugar de reaccionar
Y poco a poco, vuelve algo esencial: la sensación de estar viva en su propia vida.
Si algo de esto resuena contigo
Si al leer este texto has sentido reconocimiento, no es casualidad. Muchas personas viven con las consecuencias del trauma sin ponerle nombre, cargando con culpa o sensación de fallo personal.
El trauma no es una debilidad.
Es una historia de adaptación.
Trabajarlo desde una psicología humanista, informada en trauma y respetuosa con el cuerpo permite procesos de sanación reales, sin forzar, sin revivir innecesariamente el dolor y sin perder de vista la dignidad de la persona.
Sobre mi enfoque profesional
Trabajo desde una psicología humanista e integradora, con especial atención al trauma, la regulación del sistema nervioso y la relación terapéutica. Mi mirada une neurociencia, cuerpo y vínculo, entendiendo el síntoma como una respuesta adaptativa y la terapia como un espacio de seguridad donde volver a encontrarse.
