Reflexiones tras la firma de El vuelo del pequeño colibrí

El encuentro celebrado en El Libro Técnico – Casa del Lector, en Las Palmas de Gran Canaria, fue mucho más que una firma de libros. Fue un espacio donde un cuento infantil se convirtió en punto de partida para hablar de algo que sigue siendo difícil de nombrar: la pérdida y el duelo en la infancia.

Desde la experiencia profesional, este tipo de encuentros confirman algo que vemos a diario en consulta, en el aula y en el acompañamiento familiar: cuando existe un recurso adecuado, el diálogo aparece.


El valor de lo simbólico en la infancia

El vuelo del pequeño colibrí nace como un cuento, pero funciona como herramienta simbólica. No ofrece respuestas cerradas ni discursos moralizantes. Propone imágenes, relaciones y silencios que permiten a niñas y niños acercarse a la experiencia de la pérdida desde un lugar seguro.

Durante la firma, muchas de las conversaciones giraron precisamente en torno a esto:
cómo introducir el tema del duelo sin forzar, cómo sostener preguntas difíciles y cómo acompañar sin “corregir” la emoción.

La literatura infantil, cuando está bien construida, no explica el dolor: lo sostiene.


Escuchar antes que intervenir

Uno de los aspectos más significativos del encuentro fue comprobar cómo familias y profesionales coincidían en una misma preocupación:
“Queremos hacerlo bien, pero no siempre sabemos cómo.”

Este tipo de espacios permiten algo fundamental en el trabajo emocional: detenerse. Escuchar experiencias, compartir dudas y reconocer que no existe una única manera correcta de acompañar. El libro no se presentó como una solución, sino como una puerta abierta a la conversación.

Y eso, en sí mismo, ya es intervención.


De la librería al aula, a la consulta y al hogar

El interés que despertó el cuento confirma su utilidad en distintos contextos:

  • En familias, como apoyo para hablar de una pérdida cercana.
  • En centros educativos, como recurso para trabajar emociones complejas.
  • En contextos terapéuticos, como mediador simbólico cuando las palabras no llegan.

No se trata de “leer para cerrar”, sino de leer para abrir.


Lo que dejan estos encuentros

Más allá del propio evento, lo que permanece es la constatación de que existe una necesidad real de materiales respetuosos y espacios de encuentro donde la educación emocional no sea un añadido, sino el centro.

Como profesionales, estos momentos nos recuerdan que acompañar no siempre implica intervenir más, sino estar disponibles, con recursos adecuados y una escucha activa.


Seguir creando espacios de acompañamiento

Desde El Baúl de la Psicología, este tipo de iniciativas refuerzan el compromiso con una práctica que integra literatura, emoción y acompañamiento respetuoso. El trabajo continúa en consulta, en formación y en la creación de materiales que ayuden a transitar lo difícil sin simplificarlo.

Porque cuando la infancia encuentra palabras —o imágenes— para lo que siente, el proceso ya ha comenzado.